El jueves llega la perturbadora «Suspiria», nueva versión del clásico de Darío Argento

Un cuento de brujas terrorífico, una película de clima ominoso, belleza oscura y riesgo artístico en tiempos de films calculados a lo seguro. Todo eso ofrece la película de Luca Guadagnino, más un homenaje que una remake.

Suspiria es la película que siempre quise hacer, dice el italiano Luca Guadagnino que, de lejos, parecía hombre poco imaginable para la tarea. La de arremeter nada menos que con el clásico del giallo, el inolvidable film de su compatriota Dario Argento de 1977. Pero la Suspiria de Guadagnino es mucho más un homenaje, y una película nueva y distinta, que una remake.

Con films como A Bigger Splash y la estupenda Call Me B Your Name, Guadagnino (que va a dirigir el traslado al cine de Blood On The Tracks, el disco de Bob Dylan) parecía más interesado en otro tipo de historias y géneros. Por eso sorprende descubrir acerca de su devoción por el film de Argento, que lo viene acompañando toda la vida.

Su versión de Suspiria, que se estrena este jueves en la Argentina, es sin embargo, una muy buena revisita, que homenajea (resucita) a la vez que hace algo completamente distinto. Con una relectura, si se quiere, adecuada a la época: de la misoginia que históricamente yace bajo las historias de brujas al empoderamiento.

La nueva Suspiria es una creación que arriesga, en estos tiempos de películas que van a lo seguro y parecen hechas por algoritmos. Cuenta con un estupendo elenco femenino al que se suma el misterioso Lutz Ebersdorf (interpretado por Tilda Swinton) como psiquiatra. Los realizadores jugaron con la idea de que se trataba de un médico real, un no actor tan tímido que ni aparece en los créditos, hasta que la actriz le reveló al New York Times que Ebersdorf, el actor que hace de psiquiatra, era una interpretación suya.

Es justamente el convulsionado año 1977 -el de los movimientos underground, el del punk rock, el de Suspiria de Argento- el que inspiró esta película. Con un clima tan perturbador como oscuro en sus vínculos con la historia, y un presente de conflictos y violencia que cicatriza las heridas del nazismo. Y con un set increíble (se filmó en un inmenso hotel abandonado en Varese) que recrea la Berlín fría y gris a la que llega la protagonista estadounidense (Dakota Johnson), una nueva alumna de la academia de danza.

«Me gusta, sobre esta película, decir que al fin hice mi primer film de terror -cuenta Guadagnino-, porque desde chico y luego como realizador, siempre quise hacer películas de este género. Un cine de los sentidos que te lleva a algo que está escondido, como sólo puede transmitirlo un film de terror. Lo que nos inspiraba a todos, lo que teníamos claro desde el principio, era esto: Alemania, 1977. Estábamos muy apegados a ese punto, a ese oscuro otoño en el que pasaban cosas oscuras a una sociedad».

Guadagnino tenía apenas 6 años cuando estrenó la película de Argento, pero cuando pudo verla supo que todo era posible: «Cuando ya estaba decidido a dedicarme al cine, sin saber qué quería decir eso, la película de Argento se volvió algo primordial para mí, algo que nunca me abandonó».

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2019-01-31T15:36:39+00:00